Una construcción de inteligencia colectiva

El Hno. Patricio Bolton pedagogo, autor de varios libros sobre educación y actualmente director general de La Salle Rosario dialogó con nosotros sobre el Programa Aprendizaje Cooperativo, que desde 2018 se implementa en nuestro colegio en los niveles primario, secundario y secundario especial.


¿Cómo surge el programa de Aprendizaje Cooperativo? ¿A qué necesidades responde?


Nosotros lo empezamos a incorporar en la Red La Salle para dar respuesta a una situación cultural que se está dando en las obras educativas, donde las nuevas generaciones tienen cada vez menos habilidades para la interacción social. En un trasfondo de individualismo, de temor al otro, de encierro, de mayores facilidades de los vínculos mediados por la tecnología y no el cara a cara, las nuevas generaciones vienen con muchas dificultades para el encuentro, para relacionarse con otros, para hacer cosas con otros y sobre todo para enfrentar y resolver conflictos. Nos preguntamos: ¿de qué manera la escuela puede ayudar a formar capacidades para los vínculos, para la participación, para la organización, para la resolución de conflictos y en definitiva para la mayor vivencia de la vida democrática? Empezamos a aplicar en algunas escuelas de la Red el Aprendizaje Cooperativo buscando en primer lugar fortalecer en nuestros estudiantes las capacidades para la sociabilidad.


Otro segundo motivo muy fuerte es que nos damos cuenta que de esta manera movilizamos más el deseo por el aprender. Muchas veces a los pibes los veíamos apáticos o sin deseo por construir saberes y nos damos cuenta que cuando están interactuando entre ellos y construyendo juntos el deseo por el aprender se moviliza mucho más. Empiezan a construir saberes y respuestas a problemáticas, respuestas a preguntas que son mucho más interesantes que hacerlas solos.... Se dan cuenta de que los problemas y los planteos les resultan más fáciles y de este modo hay un crecimiento de la autoestima que es muy significativo.


¿Cómo se incorpora en programa en las escuelas? ¿Por dónde se empieza?


Lo primero que hay que hacer es ayudar al docente a posicionarse en un paradigma distinto. En primer lugar, cuestionar el paradigma individualista y meritocrático. Poder pensar que el docente es el que habilita una experiencia en la que los distintos grupos van construyendo saber.


La segunda cuestión es cuestionar la idea de que la inteligencia es una cuestión individual, sino que aprendemos porque construimos juntos. Aprendemos porque el otro me presta una parte de su idea, otro me presta su sensibilidad, otro me presta su experiencia y otro me presta su mirada del mundo y entre todos construimos algo que es de todos. Se trata de una construcción de inteligencia colectiva.


Y después están los procedimientos de carpintería, por decirlo de alguna manera. Lo primero que tengo que poder hacer es diagnosticar el curso, cómo son las relaciones. Luego tenemos que concientizar a los estudiantes de que de esta manera va a ser mejor, es mejor juntos que solos, es mejor que un modo cooperativo y constructivista que solos. Y después empezar a desmontar representaciones sociales que están instaladas, como que “todo desconocido es mi enemigo”. Una vez que hicimos el diagnóstico, que sensibilizamos y concientizamos a los estudiantes y que nosotros como adultos estamos convencido de esto, empezamos la cuestión más operativa.


¿Cómo es ese proceso?


Armamos lo que se llaman los “grupos base”, grupos de cuatro personas, como mucho cinco, en donde buscamos que haya una persona que sea líder, referente o coordinador por grupo. Ponemos en cada uno de los grupos personas con distintas capacidades, entre las que haya una capacidad empática. No se trata de armar grupos de amigos sino grupos de compañeros que puedan interactuar y construir algo juntos.


Una vez construidos los grupos pasamos a lo que son las técnicas de aprendizaje cooperativo. Empieza con el pedido de un producto bien concreto, donde cada uno de los cuatro tiene una tarea a resolver, en un tiempo muy preciso. Eso es lo que hace que las personas interactúen. Implica que el docente vaya ayudando a hacer metacognición… Es decir, de qué manera esos estudiantes pueden ayudar a reflexionar sobre los procesos que llevaron a cabo… ¿Qué fue lo que pudieron producir, cómo lo produjeron, cómo fueron las relaciones entre ellos, cómo intercambiaron? ¿Qué tipo de sentimientos fueron los que circularon, cómo resolvieron este conflicto? ¿A qué resultado llegaron, qué pasa si lo tuvieran que hacer de otra manera? ¿Qué satisfacciones les generó? Poder hacer la metacognición de la experiencia es lo que permite que la experiencia se convierta en un saber.


¿Qué resultados se observan en las primeras experiencias en las escuelas?


Hay un mayor disfrute en el saber, hay una mayor conciencia sobre lo que se produce y después es verificable que aprenden todo todos, que es lo más importante en este desafío. En una clase convencional, puedo dar clase durante cuarenta minutos hablando y tengo diez que están atentos, quince que más o menos y otros diez que están perdidos. Por medio del Aprendizaje Cooperativo logramos la regulación del aprendizaje en cada uno de los grupos.


Los estudiantes aprenden a autoregularse solos, que es una cuestión fundamental en los procesos de aprendizaje. Lo que uno necesita es formar una persona que pueda aprender toda su vida… Estamos enseñando a aprender a aprender.


¿Qué le diría a aquellos docentes que aún no han participado de esta experiencia en el aula?

Yo invitaría a los docentes que no han empezado a hacerse la pregunta de qué es lo que necesitan los chicos hoy. Una frase que me da vuelta permanentemente de Francisco es que la generación adulta no alcanza a dimensionar el sentido de orfandad que vive esta nueva generación… En un país como el nuestro donde las relaciones cara a cara son conflictivas, necesitamos volver a convencer a la gente de que las relaciones interhumanas son buenas, posibles y necesarias y se pueden hacer. La escuela tiene que ser el lugar para eso.