FILOSOFAR CON NIÑOS/AS

En 2016, el Centro de Pedagogías Críticas y Educación Popular de la Fundación La Salle comenzó a desarrollar el Proyecto Filosofar con Niños/as, una propuesta para acercar la práctica filosófica a las escuelas del Distrito Argentina-Paraguay.

Comenzando a indagar y evaluar posibles vínculos entre filosofía, infancia y escuela, a partir del año 2017 nuestro Colegio fue parte de las primeras experiencias del Programa con estudiantes de Nivel Primario. Los educadores de La Salle procuraron crear, progresivamente, espacios para desarrollar la perspectiva filosófica de los niños a partir de la conversación y la reflexión conjunta, promoviendo su capacidad crítica y creativa.

Cuando decimos “filosofía” no estamos considerando únicamente un corpus teórico de ideas plasmadas en textos reconocidos por las instituciones académicas, sino que hacemos alusión a una práctica, un ejercicio, un movimiento del pensamiento caracterizado por la capacidad de preguntar y preguntarse.

Un antecedente relevante, más allá de las diferencias con el programa actual, es el de Matthew Lipman, investigador estadounidense que desde fines de la década de 1960 dedicó su trabajo a la promoción de la enseñanza de la filosofía. Su preocupación central fue el desarrollo de la capacidad argumentativa de sus estudiantes, razón por la cual desarrolló el programa de “Filosofía para Niños”. Lipman consideró necesario generar —desde edades muy tempranas— comunidades de indagación, de manera tal que los niños, progresivamente, incorporasen técnicas del pensamiento que les permitan razonar de forma crítica, creativa y ética.

Desde nuestra perspectiva, creemos que para poder asumir con autoridad nuestros pensamientos, es necesario tener la capacidad de explicitarlos, analizarlos con atención y colocarlos a disposición de otros para que sean considerados; así como también permitirnos escuchar y conocer otras formas diferentes de ver el mundo. La práctica filosófica, por tanto, al mismo tiempo que propicia el desarrollo de nuestra capacidad de asombro (estado inicial de cualquier acción transformadora que queramos llevar a cabo) también nos permite profundizar nuestras opciones a partir de la reflexión, la conversación y el intercambio comunitario.

Para comenzar a filosofar debemos necesariamente detener el ritmo acelerado con el que pretendemos transitar las circunstancias, permitirnos observar con atención a nuestro alrededor y ubicar entre signos de interrogación aquello que creíamos saber, aquello que nos resultaba natural, lo que llamábamos sentido común. Este ejercicio nos permite meditar de una manera diferente la realidad de la que formamos parte, identificar nuestro modo particular de habitarla y comprenderla asumiendo necesariamente su contingencia e historicidad. La filosofía deviene, por tanto, en práctica humanizadora.

Ahora bien, esta disposición natural de los niños, que evidencia la capacidad humana de cuestionar la realidad, necesita ser desarrollada y profundizada siendo esto último lo que buscamos fomentar con los espacios de filosofía. Compartir una experiencia de esta índole con los estudiantes exige estar ahí dispuestos a encontrarnos con los otros de manera auténtica. La presencia abierta conlleva inevitablemente la posibilidad de modificarnos. Habiendo reconocido nuestra fragilidad manifiesta en las preguntas, queda la atención como estado de apertura que habilita la propia transformación.

Los espacios que venimos creando en las escuelas requerirán entrenar nuestra escucha para volverla atenta, paciente y humilde. Esta puesta en marcha es la invitación a transitar un camino de transformación que convoque a otros a sumarse a esta búsqueda de nuevas formas de enseñar y aprender, incorporando la práctica filosófica en nuestros espacios educativos.