Aprendizaje Cooperativo

A partir de la redacción del documento Hacia las Comunidades de Aprendizaje La Salle en la Red Educativa de la Asociación Educacionista Argentina, nuestras escuelas han comenzado a implementar de forma sistemática esta herramienta metodológica como instancia educativa, con el fin de generar entornos de aprendizaje comunitario y colaborativo.

Basados en nuestro horizonte pedagógico pastoral, que afirma que en nuestra escuela nadie aprende solo, desde hace algún tiempo, en diferentes instancias, nos propusimos construir una cultura comunitaria y creyente como alternativa al individualismo contemporáneo. A partir de allí, comenzamos a explorar y ensayar experiencias educativas que desestructuren algunos formatos y dinámicas tradicionales, recreando procesos de enseñanza y aprendizaje que se encuentren en diálogo con nuestra realidad presente. En este contexto, el aprendizaje cooperativo se presenta como una herramienta potente para el trabajo en comunidades de aprendizaje, pues desarrolla la construcción colectiva de valores indispensables para la vida en sociedad, una sociedad diversa en cuanto a aptitudes, creencias y culturas.

El AC contempla el trabajo didáctico de equipos de trabajo reducidos, en los cuales los alumnos asumen roles y responsabilidades, trabajando juntos para maximizar su propio aprendizaje y el de sus compañeros. La relación del estudiante con el espacio y el tiempo también se modifica, por ejemplo con la adaptación del mobiliario aúlico o los plazos previamente establecidos para la concreción de los ejercicios propuestos por los educadores. Los alumnos adquieren mayor autonomía y mayor compromiso en lo individual, que se ve reflejado, a su vez, en lo colectivo. Se fortalecen los valores cooperativos, que contribuyen al impulso de ayuda mutua, la equidad y la solidaridad.

El educador que aplique el aprendizaje cooperativo deberá planificar y ejecutar, cuidadosamente, una serie de acciones con el fin de mediar en la construcción de una comunidad de aprendizaje, donde también él es sujeto en proceso de aprender. Los educadores deben decidir cuáles serán sus objetivos conceptuales y actitudinales, cuántos estudiantes habrá en cada grupo y qué capacidades se van a trabajar, entre otros aspectos preparatorios. Seguidamente, debe exponer con claridad cuál es la propuesta de la clase cooperativa, asignar tareas y explicar concepciones elementales: qué significa la interdependencia positiva, la responsabilidad individual y la colaboración con el fin de alcanzar un objetivo. Mientras los estudiantes trabajan juntos deberá supervisar a los grupos de aprendizaje e intervenir para mejorar la ejecución de tareas y el trabajo en equipo. Por último, deberá organizar actividades posteriores a la clase, el aprendizaje de los contenidos debe ser controlado y evaluado. En síntesis, desde nuestro punto de vista, un grupo de alumnos formará un equipo cooperativo en la medida que se den las condiciones siguientes:

  • Si están unidos en relación a pertenecer a un mismo equipo y perseguir un mismo objetivo.
  • Si nadie se siente superior a los demás, si todos son valorados, y se sienten valorados por sus compañeros. Si hay interdependencia entre ellos, si lo que afecta a un miembro del equipo importa a todos los demás.
  • Si no hay una relación de competencia entre ellos, sino de cooperación, y de exigencia mutua; el ayudar a un compañero repercute favorablemente en uno mismo y en todo el equipo.

El AC sostiene que el conocimiento es una construcción que surge de la interrelación de múltiples inteligencias, del trabajo colaborativo, del vínculo con las TIC y desde la transformación cultural, entre muchos otros aspectos. De esta manera, la metodología desafía a los educadores a hacer comunidad creando múltiples culturas inclusivas y de aprendizaje significativo, un modo común de hacer educación en nuestra red de obras educativas.

Nos apropiamos de esta concepción para enriquecerlo desde nuestra identidad, con la idea de construir un esquema marco que dé cuenta de nuestra impronta político pedagógico pastoral. Estamos llamados por Dios a ser una comunidad democrática, incluyente, transformadora, participativa y dialógica, por ello nuestra escuela es lugar de iniciación comunitaria y el AC es una de las prácticas que nos convoca como educadores hacia esta construcción.